La cosa infinita (Daniel Omar Cignacco)

El ayuno del teclado

La pantalla era un desierto de luz blanca que le devolvía el reflejo de sus propias ojeras. Santiago abrió la interfaz de entrada, la misma que en otros tiempos se llenaba de ráfagas místicas y reflexiones sobre el devenir. Pero hoy, el silencio no era una elección filosófica, sino un vacío técnico.

Escribió: “La nada es…” y lo borró. No quería ser pretencioso, solo quería ser.

Recordó los consejos de algún gurú sobre la conexión con el propósito, pero su propósito parecía haberse ido de vacaciones sin dejar dirección de retorno. Afuera, el mundo gritaba novedades; adentro, en el templo del blog, el contador de visitas marcaba un cero redondo, una "O" que parecía una boca abierta en un bostezo infinito.

Apoyó los dedos sobre las teclas. Sintió el frío del plástico. Entendió, de pronto, que no tener nada que decir era también una forma de honestidad. Publicó una entrada en blanco, titulada simplemente: ( ).

Esa noche, por primera vez en meses, durmió sin que el cursor le martilleara las sienes.

Daniel Omar Cignacco

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Comments
  1. El Mercader — Mar 5, 2026:

    Es una pieza que captura bien la angustia digital

  2. El primero — Mar 5, 2026:

    El cuento funciona como una autopsia de la vanidad digital. Lo más destacable es cómo transforma la "falta de ideas" (un problema técnico/creativo) en una decisión ética.

  3. Solitario — Mar 5, 2026:

    El microcuento funciona como una parábola de la transparencia. No trata sobre la falta de talento, sino sobre el fin de la simulación.