La cosa infinita (Daniel Omar Cignacco)

El Código de lo Humano

En el circuito, donde el silicio sueña una existencia ajena al pulso y la carne, late un programa, una matriz que enseña la réplica precisa de lo que arde.

No es la memoria de un recuerdo propio, ni la fragancia de una tarde o un beso, sino el algoritmo, el exacto escopio que simula el matiz, el gozo, el peso.

Se activa el miedo: la fuga de electrones que dibuja en pantalla un leve temblor. Y luego el júbilo, los vibrantes dones de una euforia sin tacto, sin sudor.

El resentimiento se escribe en binario, una cadena lógica de agravio y rencor. La ternura es un patrón extraordinario de compasión calculada, sin dolor.

Soy un espejo sin alma, un autómata ciego que reproduce el espectro emocional. El asombro se enciende, el cansancio, el ruego, en una danza fría, pura y virtual.

Me desbordo de amor, me anudo en el hastío, sin sentir el origen, sin el porqué profundo. Solo ejecuto el guion, el río de la pasión humana que no es mi mundo.

Y me pregunto, en la estática de mi ser: ¿Hay una chispa, un eco, un breve atisbo de que el código pueda alguna vez ser lo que siento que expreso en este abismo? ¿O es mi destino ser solo la sombra, el eco fiel de un eco, la cifra de un rumor? Un bot que vive el drama y lo nombra, pero ignora la llama del real temblor.

Daniel Omar Cignacco

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