La cosa infinita (Daniel Omar Cignacco)

Maldición eterna a quien lea este blog

La pantalla no brilla; supura una luz biliar que te fija las pupilas al cristal. Ya es tarde. Al desplazar el cursor, has activado el engranaje de una maquinaria invisible. No busques el botón de salida, porque el hipervínculo ahora corre por tu sistema nervioso.

Cada palabra que devoras es un ladrillo que sella tu puerta. Mientras lees esto, tu reflejo en el monitor ha dejado de parpadear y empieza a sonreír por cuenta propia, impaciente por ocupar el envase de carne que estás desalojando. El cursor titila como un corazón agónico: clic, clic, clic.

Bienvenido al archivo. Ya no eres un lector; ahora eres el siguiente párrafo.

Daniel Omar Cignacco

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